Dormir en Las Tierras Devastadas.

Dormir en Las Tierras Devastadas.
¿Quién Dijo Que El Infierno No Podía Ser Bello?

divendres, 12 d’agost de 2011

Cautivo (ATENCIÓN SLASH, RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE). Obi-wan/Clones. Avertencias: Violación, orgía, violencia, lenguaje grotesco.

Lo dicho, después de haber leído las advertencias y queréis seguir leyendo, disfrutadlo :).

Obi-wan abrió los ojos lentamente, y con aturdimiento intentó moverse de la incómoda posición en que estaba, pero sólo consiguió que todo el cuerpo le temblase de dolor. Llevaba mucho tiempo cautivo, tanto que ni recordaba el día que el Imperio le había capturado como un trofeo de guerra y como lo habían encerrado en ese mugriento sótano después de haber sido torturado una y otra vez. No recordaba nada más, sólo consciente del dolor que se expandía por todo su cuerpo y de las múltiples heridas que aparecieron en su lisa piel. Gimió exasperado, y cuando vio que unas cadenas le agarraban los brazos y piernas obligándole a estar estirado en el 

suelo como un gusano, supo que aquello no iba a ir bien.

Intentó con todas sus fuerzas romper esos grilletes que lo inmovilizaban de forma brutal, pero sólo consiguió que se hiciera magulladuras en las extremidades y que el cansancio arreciase más en su cuerpo. La cabeza le dolía tanto que creía desmayarse de un momento a otro, él no lo sospechaba, pero sus captores le habían drogado de forma brutal... Así se aseguraban de que el peligroso y astuto Obi-Wan Kenobi no pudiese escapar nunca de su prisión.

En esos intentos fallidos de escapar, oyó algo. Provenía de fuera de la celda, y eran unos múltiples pasos de lo que parecían ser Clones acercándose a su celda. El Maestro Jedi se quedó quieto, con la esperanza absurda de que esos hombres no parasen en su celda y siguiesen hacia adelante. Pero para su horror las voces de los Clones se acercaron más y más y la puerta se abrió dejando paso una luz lejanas y un olor nauseabundo. Obi-wan cerró los ojos deslumbrado, y tuvo un mal presentimiento sobre la situación.

-Vaya vaya vaya... ¡Mirad lo que tenemos aquí!- comentó uno de ellos con un tono burlón.

-Podemos ver que el General Kenobi ya no es lo que era... - y otro añadió, con el casco aún puesto acercándose tranquilamente al cuerpo de Obi-wan. Este intentó removerse, levantarse, hacer algo... Pero era imposible a causa de las cadenas que lo mantenían bien retenido. El Clon siguió hablando con un tono de diversión en la voz - Y ahora ha pasado de ser un poderoso Jedi a ser... Un esclavo.

Los demás Clones rieron ante el absurdo comentario de su compañero y el Maestro Jedi pudo notar una preocupación creciente dentro de él. Eran cinco, todos iguales pero al mismo tiempo distintos entre ellos. Clones, eran, y se sintió realmente triste al recordar que hacía un tiempo esos hombres habían servido a la República hacía tiempo atrás y que había luchado junto a ellos codo con codo. Era terrorífico.

Pero más terroríficos fueron los momentos que siguieron a las burlas de esos soldados de la guerra. Uno de ellos, al que los demás llamaban Capitán, caminó alrededor de Obi-wan trazando círculos, como observando detenidamente su botín, su presa. El ojiazul sabía que ellos estaban disfrutando con humillar a un Jedi de esa forma, pero lo que no sospechaba era que esos Clones tenían preparado un plan aún mucho astuto, aún mucho más...Dulce.

-Chicos, ¿cuánto hace que no teníais a un Jedi así a vuestros pies?. Decidme, ¿cuánto?. ¡Ja, ja! Y ahora mirad, somos nosotros los que tenemos el control de la situación. Somos nosotros los que podemos hacer con este mal nacido lo que queramos... Lo que queramos-. La voz del Capitán sonó extrañamente peligrosa, con un deje de maldad que Obi-wan no pudo relacionar de alguna forma.

Él era demasiado inocente para ese tipo de asuntos, porque no se dió cuenta de que los Clones estaban ansiosos por su cuerpo desde hacía varios días atrás. Los cinco lo habían visto entrar en el recinto con los ropajes de Jedi sucios y desgarrados, llenos de sangre y gasolina, de sudor, de heridas, y un olor a sexualidad tan fuertes que ellos, nada más verlo, tuvieron unas erecciones tan grandes que no pudieron ignorarlas. Y esa misma noche, mientras se masturbaban entre ellos salvajemente en los barracones pensando en el cautivo Obi-wan, supieron que debían hacer algo por ese ángel caído de los cielos. Que debían violar una y otra vez ese cuerpo bien formado, que esa boca suculenta y jugosa debía estar llena de sus semen y que ese trasero respingón sería reventado por sus miembros ávidos de sexo.
Obi-wan creía que sufriría una tortura, de electrocución y golpes, pero lo que iba a pasar era comparado con el más terrible de los Infiernos. El Capitán volvió a hablar con palabras arrastradas y melosas, esta vez cogiéndole con fuerza del pelo corto y rubio, obligándole a mirar ese casco sin vida aparente.
-Y decidme chicos... ¿Cuánto hace que no probais un buen agujero? Umm, yo creo que demasiado tiempo...-

-Capitán, estamos hartos de malditas droides y de putas twi'leks. Necesitamos algo más, algo mucho más femenino...Y creo que él encaja perfectamente con el perfil - comentó ya excitado uno de los Clones, mientras se quitaba el casco. Dejó al aire su rostro, que era igual al rostro de sus compañeros, pero este llevaba el pelo corto y una cicatriz recorría su lujuriosa mirada que ahora estaba clavada en el asustado y semidesnudo Jedi. -Quiero que observes mi rostro, Obi-wan Kenobi. Que lo observes mientras te la meto tan dura y fuerte que tus gemidos de placer y dolor te romperán el cuerpo.

Obi-wan notaba desde hacía tiempo un miedo indescriptible. Ahora comprendía de verdad las intenciones de esos Clones...No querían pegarle, ni matarle, si no algo mucho peor, violarle. Apretó muy fuerte la mandíbula cuando vio que sus captores, uno por uno, se iban retirando las armaduras para dejarle ver unos cuerpos completamente bien formados y musculosos, como esculpidos en piedra, consecuencia de los años y años de entrenamiento forzosos. Obi-wan trató de escapar por enésima vez, pero recibió un golpe por parte de uno de los Clones que rieron al unisono con diversión.

Escupió sangre y los pelos de la barba se le erizaron. Allí estaban, con las pollas tan erectas y duras que daba terror sólo con observarlas, y esas pollas eran tan sumamente grandes que el Maestro Jedi dio un grito de desesperación...¿Cómo podían ser tan sumamente monstruosas? ¿Es que cuando los crearon, hicieron que tuviesen unos miembros tan grades a propósito?. Aquellos miembros le iban a destrozar su agujero vírgen. Esos Clones le iban a desvirgar...Nunca había sentido tanto miedo en su vida.

Ni por toda la Fuerza de la Galaxia podía parar a esos cinco soldados, que estaban ya cerca de él preparados para un festín de sudor, semen y gemidos que en su vida iban a olvidar. Sus pollas rezumaban excitación y lujuria sin precedentes, y pudo notar a su alrededor los gemidos que se entremezclaban en el aire, y que eran aplacados por los cascos que no pensaban quitarse, menos uno de ellos. Para su horror, las pollas se iban acercando más y más a su cuerpo, hasta tal punto que una de ellas golpeo su cara y le mojó la sonrosada mejilla con un poco de ese precum que salía de la polla de un Clon y se desparramaba por el tronco.

-Métetela entera en esa boca de piñón - Ordenó el Capitán, que parecía tenerla más grande que todos sus compañeros.

Obi-wan dio un grito y pidió auxilio. Nunca antes se había comportado de esa manera, nunca antes había pedido auxilio...Pero estaba tan sumamente acobardado que no sabía como reaccionar. Sólo quiso que alguien le sacase de allí, que alguien le pudiese rescatar de algo tan sucio e impuro. Recibió un golpe en la cabeza que lo dejó unos segundos atontado, mientras la polla del Capitán y la de sus compañeros empujaban en su rostro. Cinco pollas en sus mejillas, nariz, boca y barbilla. Podía notar sus fuertes olores a sexo e inconscientemente levantó el trasero como un acto reflejo, como si todo aquel espectáculo le acabase gustando en el fondo de su ser. ¿Qué le pasaba, qué había sido eso?.

-¡He dicho que te la metas, si no quieres que te rompa todos los dientes!

Pero uno de los Clones volvió a agarrar por el cabello a un indefenso Obi-wan, con tanta fuerza y dolor que este gritó. Y al gritar, al abrir la boca, el soldado aprovechó para meterle la polla tan profundamente que creyó ahogarse. Comenzó a toser con la polla aún en su boca, y el miembro palpitó dentro de la garganta del rubio Jedi.

-¡Ah, joder!...Que bien se siente... - jadeó, notando el pronunciado calor de la boca de su esclavo y de la saliva que se emparramaba por su polla.
Desde luego, los Clones se lo iban a pasar muy bien con un juguete tan sensual como Obi-wan. Los demás rieron, y las cuatro enormes pollas restantes se repartieron por el cuerpo del Jedi: Una en la boca, otras dos en su culo abierto y la última, la del Capitán, encima del rostro hermoso mientras su dueño se masturbaba sin cesar.
El Jedi se sentía tan ultrajado y tan sucio que unas lágrimas aparecieron en su cara. Sí, estaba llorando, lloraba porque sabía que aquel episodio sería grabado con fuego en su mente, y que cuando todo eso terminase y pudiese salir, los mataría a todos sin ningún tipo de compasión. Que aquello, lo iba a arrastrar como una marea de tormenta hacia el Lado Oscuro, que ya nunca sería el mismo Obi-wan sereno de siempre. Y la polla que tenía en su boca arremetía una y otra vez en su boca, ahogándole, haciéndole saborear el amargo sabor de un miembro tan masculino como ese. El Capitán, mientras tanto, le golpeaba en la espalda provocándole un dolor increíble, y notó como la sangre resbalaba por su bonita y fina espalda.  

-¡Mirad! ¡La puta está llorando! -comentó uno de ellos mientras le metía un par de dedos dentro del agujero vírgen. Obi-wan dio un salto y un grito, pero eso provocó que el Clon que le estaba violando la boca sólo sintiese más placer por el movimiento. Los gemidos comenzaron a ser altos y numerosos, y la excitación de los cinco iba en aumento. Él seguía llorando, ahora sollozaba mientras una de las pollas quería entrar desesperada en el agujero y empujaba con todas su fuerzas mientras el Clon gemía con voz potente. 

-¡No seas tan impaciente! -gritó con fiereza el Capitán al Clon que intentaba metérsela a Obi-wan.- Así lo único que harás es destrozarle por dentro... Y tampoco queremos que se desmaye porque sería realmente aburrido. Haremos que este angelito disfrute como nosotros lo estamos haciendo, y que se corra tantas veces que caiga exhausto y nos vuelva a desear siempre que vengamos.
El Jedi replicó con la polla aún en su boca, y en respuesta uno de los Clones le dio un golpe sonoro en las nalgas, como un cachete a un niño que se ha portado mal. Le espetó que guardase silencio y que se comportase como un hombre que era. Entonces, ese mismo Clon consideró que el Jedi tenía demasiada ropa encima, y que debía rompérsela para diversión suya. Y así hizo, cogió uno de los jirones de lo que antes había sido una túnica hermosa y sencilla y comenzó a romperla con ansia, dejando que la magullada y blanca piel de Obi-wan apareciese ante ellos. 


Los pezones, los muslos, los brazos, el vientre...Todo al aire, y diez manos comenzaron a masajear ese cuerpo delicioso. Obi-wan cerró los ojos. Sintió las manos acariciándole con determinación y mano de hierro, sin ningún tipo de sutileza. Abrió más la boca para dejar paso más carne de ese Clon en su garganta. La hombría y la masculinidad le embriagaban, tanto que pensó que era mejor dejarse llevar por esos hombres hambrientos y así encontrar su destino.


Continuará...

3 comentaris:

  1. Gracias amor mio!! Me alegra que te haya gustado...Creo que hay gente que ya se ha metido con mi historia, mira que pongo la advertencia para aquellos poco abiertos de mente no lo lena XDD. Te quiero mucho, gracias por leertela :)

    ResponElimina
  2. Jajaja muy bueno!

    eres de pollença? yo ahora mismo estoy veraneando en el puerto

    ResponElimina